De barricadas, resistencias y otras maneras de sobrevivir

Por: Teresa Bustillo Martínez. Coordinadora general de La Próxima Resistencia.

Nam June Paik predijo el surgimiento de una próxima resistencia en un momento en el que todavía —a pesar de las sabidas convulsiones de los años 60— el futuro era casi asible desde el presente. Hoy, medio siglo después, esa próxima resistencia capaz de lidiar con los desafíos de un enemigo abisalmente superior ha abandonado su alusión natural a un futuro expedito, y deviene —como expresión consumada de un presente de entrañas convulsas y alienantes resortes de seducción— el presagio de un futuro contingente, un futuro que, a excepción de su dimensión temporal, conserva poco del imaginario optimista de “un mañana”.

En un mundo en el que las certezas se diluyen en infinitas mises-en-scène cuyas ritualizaciones sociales sustituyen la representación por lo representado y lo representado insiste en un permanente exhibicionismo de proscenio, es casi imposible intuir una fisonomía aproximada de lo que quedará cuando caiga el telón de este presente espectacularmente especulativo o especulativamente espectacular. De tal suerte, nuestra próxima resistencia se camufla en un rostro mucho menos predecible que el de aquella que anunciara Paik y esta cualidad parece ser la nueva naturaleza del acto de resistir.

Como plataforma metacuratorial y expositiva del Festival Internacional de Videoarte de Camagüey, La Próxima Resistencia muestra esas difuminaciones, diluciones, incluso extravíos, que coexisten en el acto de resistir. ¿Qué implicaría resistir en los tiempos actuales: sufrir y soportar u oponerse y combatir? A mi juicio, son dos comportamientos (y aptitudes) que se definen en los contextos de cada autor, de cada obra, incluso de cada perceptor y que, en más de una ocasión, han demostrado no ser excluyentes, sino más bien, complementarios. Por tanto, la convergencia de muestras cuyos credos abrazan el desenmascaramiento explícito, la extroversión impertinente o la rispidez del comentario mordaz junto a otras cuyas interlocuciones son igual de corrosivas, pero mucho menos viscerales, no es más que el síntoma obvio de la pluralidad de resistencias y de la inviabilidad de desconocer la equivalencia de ambas opciones.

El arte de hoy —si es que fuera prudente hablar de un arte de ayer— se estremece ante la duda: “Cuando se han reemplazado todas las partes de un barco, ¿sigue siendo el mismo barco?” Al respecto, no creo ni en las respuestas definitivas ni en las circunstancias definitorias; antes bien prefiero hipótesis de alcances intermedios, que eviten tanto los reduccionismos como las generalizaciones, siempre deudores de la peligrosa desestimación de cómo y cuánto ha cambiado el mundo. El río de Heráclito ya no cabe en sus recios márgenes, ni los recios márgenes disfrutan los placeres de contener sus aguas; la subversión absoluta de todas las funciones, de todas las expectativas, anuncia el trueque de la cualidad normativa del deber ser por la ausencia irreversible de paradigmas.

En estas circunstancias de riesgos y torceduras, La Próxima Resistencia presenta trece nuevos proyectos curatoriales provenientes de Costa Rica, Cuba, España, Estados Unidos, Francia, Italia, México y Noruega. A sus curadores, a los artistas incluidos en cada muestra, a las instituciones que han respaldado todos y cada uno de estos proyectos, gracias por insistir en el carácter democrático y asimétrico de la caleidoscópica audiovisualidad contemporánea, especialmente, al suscribir todos, esa especie de condición tácita de no renunciar a la posibilidad de usar el intelecto como algo más que un decorado vintage.

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