Los otros colores de Rumbatá


Texto y foto: Raúl A. del Pino Salfrán

No hay que ser un erudito en materias artísticas para conocer que el videoarte y la rumba no tienen una historia afín. Sin embargo, eso cambió anoche cuando Rumbatá, agrupación cultivadora de ese género musical en Camagüey, contagió con sus pegajosos ritmos afrocubanos a los participantes en la séptima edición del FIVAC.
La explicación para que sucediera algo así es muy sencilla, pues quiso el destino que el presidente del evento, Jorge Luis Santana, coincidiera en su época de estudiante en la escuela de arte con Wilmer Yoel Ferrán, director y fundador del conjunto rumbero.

“Santana es un gran amigo mío, así como su esposa y su familia, y un día conversando surgió la idea de por qué no comenzar el Festival con algo bien cubano, que rompiera un poco la rutina de lo que habitualmente se hace en este tipo de eventos”, confesó Wilmer.

Y la materialización de esa idea fue el plato principal de la gala de apertura que echó a andar las manecillas imaginarias del Festival. Pero más allá de lo inédito que una presentación así pueda significar, para Rumbatá también resultó muy importante mostrar su música “con otras imágenes y colores” ante un público que no es el acostumbrado para ellos. “Fue un reto estar allí, pero nosotros llegamos con nuestros cajones, con las claves, a brindar cubanía y esencia de la rumba, y estamos muy contentos de poder haberlo hecho”.

Además, el espectáculo ofreció una comunión entre dos vertientes artísticas que nunca antes habían cruzado caminos. Esto sucedió gracias al Video Jockey (VJ) Juan Carlos Gil quien, con sus imágenes editadas y proyectadas en vivo durante una parte del concierto llevó a una expresión visual los compases estridentes y provocadores de la rumba. “Para nosotros, esta colaboración fue como adelantarnos tres años. A partir de ahora vamos a pensar nuevos espectáculos de este tipo”, explicó el líder del elenco rumbero.

Una vez más el videoarte apostó por la transgresión, puesto que incluir a Rumbatá en un festival así puede considerarse una especie de “iconoclasia conceptual”, como señaló Teresa Bustillo, curadora principal del evento.
Así es el FIVAC, y esta fue la primera de otras muchas sorpresas.

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